domingo, enero 29, 2023
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Imagen, Moda y Sentimientos

¿Qué imagen damos? ¿Somos conscientes de ella? ¿La usamos? ¿La cuidamos? Estas preguntas pueden pasar desapercibidas para algunos de nosotros pero en realidad, son más que importantes, por el mismo motivo por el que somos capaces de diferenciar a un banquero de un deportista, o a un cargo directivo de un perfil creativo. Nuestra imagen habla de nosotros antes incluso de abrir nuestras bocas. Entonces, ¿la usamos? Algunos de nosotros sí, otros no, y esa misma decisión, ya transmite parte de nuestra personalidad. Nos podemos hacer una idea de una persona, esa primera impresión, simplemente atendiendo a si cuida o no su apariencia.

¿Qué ha hecho la industria de la moda con esto? ¡Usarlo! Por supuesto que sí. Igual que usaron en su momento el impulso consumista de las mujeres en la década de los 20, época gloriosa de libertad femenina en la que la mujer accedió al mundo laboral y al voto en EE.UU. En señal de libertad y poder, las mujeres arrasaban en los grandes almacenes. Querían gritarle al mundo que eran libres para decidir qué hacer con su dinero. La moda era un símbolo, una imagen y trasladaba un sentimiento de poder e independencia. Por lo tanto, la imagen, habla de nuestra personalidad y provoca sentimientos. Tanto para al que utiliza la moda, como para el que la observa. Actualmente trabajamos bajo estas premisas y cargamos de sentimientos todos los artículos de moda que lanzamos al mercado.

 ¿Por qué? Porque estamos en la época en la que nos preocupa más que sentimientos tenemos y generamos que comprar un producto de mejor o peor calidad, más o menos duradero. Queremos contar qué sentimos con nuestra imagen, quiénes somos y qué pensamos. La diferencia entre comprar un bolso prácticamente igual en una marca o en otra es que una de ellas transmite unos sentimientos y una historia con la que nos sentimos más o menos identificados. Todo el storyteling de las marcas cobra más importancia que nunca. Los consumidores están sobre saturados de información. La única forma de decidir qué y dónde consumir es a través del sentimiento que la historia de la marca les evoca. Por eso Dolce Gabanna siempre usa modelos masculinos híper musculados con caras muy marcadas, cuadradas y miradas desafiantes. Captan a ese hombre que quiere dar una imagen dura, de “machote del mediterráneo”.

Por el mismo motivo “Channel” tiene un fetiche especial con imágenes andróginas y fuertes como la que desprende Cara Delevingne o Kristen Stewart, reivindicando a esa mujer liberada, fuerte y con una personalidad desafiante, como la de Cocó. En definitiva, ¿por dónde comenzamos? Tanto si eres marca como consumidor, lo primero que tienes que plantearte es, qué quieres transmitir. Y a partir de esa decisión tomar todas las demás. Si como marca, quieres transmitir sostenibilidad, responsabilidad y equilibrio, como es nuestro caso, la imagen de todo, absolutamente todo, lo que hagas y las decisiones que tomes, deben ir en consonancia con esa imagen.

 Si como mujer, quieres dar la imagen de alguien fuerte, decidida, segura de sí misma y comprometida con tu entorno natural, todas tus decisiones de compra deben ir en consecuencia. Ya no vale el comprar por comprar, o vender por vender. Ahora necesitamos contar algo y comprar eso que nos cuentan. Porque me vale, porque me lo creo, porque me identifica y porque cuenta algo de mí y de mi personalidad.

 Así que estamos en el momento en el que el autoconomiento de nosotros mismos, y nuestras marcas, es fundamental, para entender qué imagen queremos transmitir y por tanto qué decisiones de compra debemos tomar. No vale el todo por el todo. ¿Y tu? ¿Usas tu imagen? ¿La cuidas? ¿Te conoces? ¿Te comprendes?

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