viernes, mayo 14, 2021
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José Alberto González-Ruiz: “Los fondos europeos son una oportunidad para abordar las transformaciones y modernizaciones que precisa nuestra economía”

ENTREVISTA A JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ-RUIZ,
SECRETARIO GENERAL DE CEOE

Vivimos tiempos difíciles, la pandemia ha dejado a España con un contexto económico delicado donde incluso el Banco de España ha empeorado su previsión. Según los datos que maneja la CEOE, ¿Cuándo va a empezar la recuperación de la economía?

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En el contexto actual, la evolución de la situación económica se encuentra condicionada en buena medida por la evolución de los factores sanitarios. Con la prudencia que obliga esta contingencia sanitaria, es cierto que después de un primer trimestre que no ha sido bueno para la actividad económica, ya desde el mes de marzo y el principio de este segundo trimestre algunos indicadores comienzan a apuntar hacia una mejora en el pulso económico, por
lo que sí continua esta tendencia puede comenzar a fraguarse la recuperación, de modo que será en la segunda mitad del año cuando de verdad podamos hablar del comienzo de una recuperación sólida.
Pero para que esta recuperación se materialice, han de
acompañar, tanto los factores sanitarios, como también los
aspectos económicos. En el ámbito de política económica, es crucial que las medidas implementadas sean adecuadas y que los fondos europeos sean empleados de manera ágil y eficiente. Un retraso en la llegada y en la implementación de estas ayudas procedentes de Europa, supondría un lastre para el ritmo de recuperación.
Además, la recuperación está condicionada a que los factores sanitarios evolucionen favorablemente, principalmente en lo relativo a la velocidad con la se va consiguiendo la inmunidad de grupo y la eficacia con la que se van conteniendo, mientras tanto, los posibles rebrotes. Debido al retraso manifestado hasta ahora en la vacunación con respecto al horizonte previsto, las previsiones que manejamos desde CEOE son algo más prudentes que las de los principales organismos, con un crecimiento del 5,4%
para el conjunto de este año 2021, pero en todo caso, reflejan ese comienzo de la recuperación.

Si bien es cierto que los trabajadores por cuenta ajena han
estado bastante protegidos, al menos hasta ahora, el
empresariado ha solicitado más empuje. ¿Han sido suficientes las ayudas?

El shock que ha supuesto la pandemia de la COVID-19 ha dado lugar a la mayor crisis económica que se recuerda en tiempos de paz. Se trata de una crisis de carácter global, que reviste si cabe un mayor grado de incertidumbre que otras crisis de naturaleza distinta, pues tienen en su origen aspectos sanitarios, y, por tanto, su irrupción es sobrevenida, su impacto intenso, y su evolución y
ulterior superación trascienden el ámbito económico.
Dado lo singular de esta crisis y la situación de emergencia que ha generado, era crucial abordar medidas de apoyo con carácter urgente. Las ayudas que se aprobaron al inicio de la pandemia, y que posteriormente se han ido ampliando o prorrogando, han ido en la buena dirección y han funcionado razonablemente bien. No obstante, también es cierto que ha faltado un poco de agilidad en
la toma de las medidas, de modo que algunas ayudas han llegado algo tarde, y que el volumen de estas ha sido, en general, inferior al que dicta la intensidad de la contracción de la actividad económica.
Los ERTE han contribuido a evitar la destrucción de rentas, y las empresas han recibido apoyo para aliviar las tensiones de liquidez surgidas a raíz de la pandemia y de las medidas para contenerla, a través de la línea de avales del ICO (lo cual a su vez también evita también indirectamente destrucciones de rentas). El mejor ejemplo de que estas líneas de avales han funcionado es que a pesar de que el volumen de recursos dotados era inferior al de otros países de nuestro entorno, su grado de utilización ha sido mucho más elevado, hasta el punto de que prácticamente se ha
agotado el total de recursos dotados (de 100.000 euros).
La cuestión que surge con estas ayudas es que fueron diseñadas para una situación transitoria que se está extendiendo durante un tiempo superior al inicialmente previsto, lo que supone que en algunos casos los problemas se han enquistado y perpetuado, por lo que ahora se requiere de otro tipo de medidas. Por ejemplo, lo
que empezaron siendo dificultades de liquidez, en algunos casos se ha trasladado a un problema de solvencia, por lo que se requiere apoyo en este sentido. Es cierto que se están implementado medidas de este tipo, pero se debe mejorar su diseño y alcance, asegurando una cantidad de recursos suficientes para que dichas medidas sean eficaces.
En este sentido, y para no continuar extendiendo el error de dilatar en el tiempo la implementación de ayudas que son relevantes para apoyar la recuperación, las medidas que están pendientes deben ponerse en marcha cuanto antes para que estas sean realmente efectivas.

La incertidumbre juega un papel fundamental en toda esta crisis y en la gestión empresarial. ¿Qué puede hacer el Gobierno para clarificar el horizonte y que las empresas sigan resistiendo?
Sin duda, la incertidumbre y la falta de confianza influyen y
moldean las expectativas de los agentes, lo que condiciona sus decisiones y su comportamiento. La distorsión más destacada es quizás la que tiene lugar en la inversión empresarial, que se ve muy inhibida, cuando no totalmente paralizada, si no existe un contexto de confianza y un grado aceptable de certidumbre. Las inversiones son compromisos a largo plazo, y cuando este largo plazo es tan incierto, ya no solo por los aspectos sanitarios relacionados con la
pandemia, sino también por la falta de un clima de seguridad jurídica, de que las reglas de juego no van a cambiar a mitad del período de maduración de la inversión, el riesgo de estas inversiones es demasiado elevado para la posible rentabilidad esperada.
La confianza es un valor al que muchas veces, por su carácter más intangible, no se le da la relevancia que merece, pero como acabamos de describir, resultado absolutamente fundamental para normalizar la actividad económica y las decisiones de consumo e inversión de los distintos agentes. Por ello, todo lo que sea aportar certidumbre a la actividad empresarial y al proceso
inversor será útil para agilizar la recuperación y sentar las bases de un crecimiento sostenible a largo plazo. Para lograrlo, debe promoverse un clima favorable a la actividad empresarial, con un marco regulatorio simple, estable y predecible, que permita la reconversión y readaptación del tejido productivo al nuevo contexto.
Existen factores sanitarios que “trascienden” el ámbito económico, en los que es clave que el gobierno trate, en la medida de lo posible, de controlar y mejorar su evolución, entre otras cuestiones, acelerando la campaña de vacunación para aproximarnos de manera más ágil a la inmunidad de grupo y controlando los brotes
que puedan ir surgiendo hasta entonces. Pero al margen de la compleja cuestión sanitaria, lo que no se debe hacer es agregar aun mayor incertidumbre, mediante propuestas de política económica que no solo no contribuyan a la recuperación, sino que puedan terminar por lastrarla. De ahí la relevancia de despojarse de sesgos para poder acertar en el diagnóstico y en las recetas de
política económica.

Los fondos europeos han sido muy esperados y el Gobierno pretende gestionarlos dentro del Plan de Recuperación que ha presentado Sánchez recientemente. Bajo vuestra perspectiva, ¿Cómo se deben canalizar estos fondos para que realmente sean efectivos?
Los fondos europeos constituyen una oportunidad histórica para abordar las transformaciones y modernizaciones que precisa nuestra economía. Por ello, es fundamental estar a la altura de los retos y desafíos que plantea el Plan de Recuperación, asegurando el uso eficiente y responsable de estos fondos para poder obtener el máximo aprovechamiento de los mismos.
Para ello, es fundamental involucrar la participación del sector privado, ya que el enfoque y liderazgo empresarial mejora la eficiencia en la gestión y utilización de los recursos, y supone una garantía de que los proyectos abordados sean oportunos, útiles y generadores de valor añadido en el largo plazo. Todo ello contribuirá, además, a que el efecto palanca y el efecto arrastre de estos recursos sea mayor, mejorando su impacto y alcance.
Es fundamental que los fondos se destinen a proyectos de
inversión que aumenten nuestra productividad y nuestro
crecimiento potencial, y no a gasto corriente que consolida un mayor volumen de gasto estructural y no genera retornos a largo plazo. En este sentido, se deben evitar fugas de recursos hacia ámbitos que no son críticos o prioritarios para recuperar nuestra recuperación y nuestro crecimiento a largo plazo.
Además, es clave adoptar un adecuado sistema de gobernanza, basado en las mejores prácticas, para asegurar el uso diligente y responsable de los recursos procedentes del Plan, que deben asignarse mediante criterios de eficiencia, objetividad, transparencia y rendición de cuentas. Sin perder de vista el principio de eficiencia, se debe apostar por la agilidad y la transparencia en la ejecución de los fondos, habida cuenta de los
exigentes plazos, por lo que debe abordarse una simplificación de los procedimientos administrativos.
Y, por supuesto, el estímulo de los fondos ha de venir acompañado con la realización de las reformas estructurales necesarias para nuestra economía, que contribuyan a favorecer el proceso de adaptación y transformación de nuestro sistema productivo, a
reparar nuestro dañado crecimiento potencial y a corregir
nuestros desequilibrios. Todo ello permitirá un mejor
aprovechamiento de los recursos procedentes de Europa,
haciendo que los fondos sean realmente efectivos a la hora de lograr su cometido.

Sin lugar a dudas, los ERTEs han sido una salvación, tanto para los trabajadores como para las empresas, ¿Hasta cuándo cree la CEOE que deben mantenerse?
Dada la incertidumbre que rodea al contexto actual, es
complicado hablar de fechas concretas. Lo que está claro es que deben prorrogarse hasta que se consigan mayores avances en los aspectos sanitarios, en especial en lo referente a la campaña de vacunación, y concluyan las restricciones a la actividad que tienen lugar actualmente. Como mínimo parece que podríamos estar hablando de finales de este año, sin perjuicio de que llegado este
momento se evalúen las condiciones entonces vigentes para valorar nuevas prórrogas. Todo dependerá de la rapidez con la que nos aproximemos a la inmunidad de grupo y de que vayamos siendo capaces de ir conteniendo los posibles rebrotes hasta que llegue ese momento.

Esta figura está ayudando a que sectores extremadamente castigados, como el turismo, puedan soportar un poco más. Cabe recordar que Canarias y Baleares son las comunidades que más uso han hecho de esta figura debido a su dependencia del sector turístico, ¿no es cierto?
Sin duda, los datos lo dejan claro. Mientras que en Canarias y Baleares el porcentaje de ERTEs sobre afiliados alcanza
respectivamente el 11% y el 8%, el resto de las regiones se
encuentran muy alejadas de estas cifras, situándose
aproximadamente en la mitad, en una horquilla de entre el 2% y el 5% sobre el total de afiliados. El turismo ha sido un sector muy afectado que se encuentra en el epicentro del sistema productivo de muchos archipiélagos e islas, tal y como sucede en el caso de Canarias y Baleares, y esto se refleja en el mayor recurso a la figura de estos esquemas temporales de protección de empleo.

Centrándonos en Canarias, la crisis es aún más pronunciada debido a esa dependencia del turismo. ¿Hacen falta medidas más concretas para esta comunidad?
Más que medidas concretas, se trata de que las medidas que se implementen estén bien diseñadas para que puedan alcanzar a todas aquellas partes del tejido productivo que se hayan visto notablemente afectadas por la pandemia, con independencia del sector o territorio en el que opere. De este modo, si el diseño es correcto, en la medida en que el tejido productivo en Canarias ha sufrido más que en otras regiones, se verá reflejado en una mayor
participación en estas ayudas, tal y como ha sido el caso que mencionábamos anteriormente de los ERTE.

¿Servirá esta crisis para que las islas comiencen a desarrollar otros sectores productivos para empujar la economía?
Esta crisis es un punto de inflexión para todos, también para las Islas Canarias y su tejido productivo. Ello no quiere decir que debamos olvidar todo lo que sabemos hacer y que forma parte de nuestra idiosincrasia, como es el caso del turismo para Canarias.
Turismo va a seguir habiendo, conforme recuperemos la
normalidad, porque estamos hablando de un enclave privilegiado en términos de clima, riqueza natural y calidad de vida. Con los necesarios cambios para adaptarse a un contexto distinto, y con una recuperación más o menos ágil en función de los aspectos sanitarios, desde luego, pero el turismo seguirá en el ADN de las islas. De ahí la importancia de renovar, mejorar y adaptar las
propuestas de valor en este ámbito.
Ello no es óbice para que, efectivamente, apalancándose sobre los retos y oportunidades que surgen en esta crisis, se puedan ir desarrollando otros sectores productivos en la región. La especialidad de la geografía canaria ofrece oportunidades únicas que requieren de proyectos intensivos en innovación, donde cuenta con empresas punteras en multitud de ámbitos, muy ligados, en general, a las cuestiones de sostenibilidad que tanta relevancia están adquiriendo. Por ejemplo, hablamos del
desarrollo de energías renovables como la eólica, la hidroeléctrica, la solar o la geotérmica; o de innovación ligada al sector agropecuario, a cuestiones de eficiencia hídrica, o la economía azul.
De igual modo, se ha de poner de relieve que la ubicación de las islas le otorga a la región una gran oportunidad para constituirse como un enclave estratégico, un centro logístico y de negocios que sirva de nexo y punto de unión con otras regiones como África occidental. En este sentido, es clave continuar mejorando la conectividad, la competitividad empresarial y la facilidad para
hacer negocios en las islas, tal y como han hecho otras regiones que son ahora hubs de referencia internacional en otras zonas geográficas.

Ciertos sectores, como la construcción reclaman un aumento de la inversión pública mediante licitaciones y contratos públicos para reactivar la economía, ¿cree la CEOE que esta es una de las medidas necesarias?
Las infraestructuras son un factor de competitividad relevante para una economía y pueden contribuir a mejorar su crecimiento potencial. No obstante, es importante que estos proyectos se aborden de manera razonable, y siempre a través de la colaboración público-privada, involucrando al sector privado, para asegurar que la elección, ejecución y gestión de los mismos se ajusta a criterios de eficiencia y rentabilidad, y que, por ende,
suponen de verdad una palanca para nuestro crecimiento
potencial.
En el caso de Canarias, por su lejanía al continente y su carácter insular, contar con unas infraestructuras bien desarrolladas tiene una mayor relevancia si cabe, en la medida en que permitan asegurar una conectividad adecuada, tanto dentro de la región, entre las diferentes islas, como con el resto de territorios. De este
modo se puede conseguir reducir los costes en términos de
competitividad y de desarrollo socioeconómico que supone esta especialidad geográfica, y aprovechar las oportunidades de generación de riqueza y empleo que esta región alberga.

¿Es momento para subir el SMI?
En un contexto tan complejo como el actual, no es el momento de subir el SMI, ni de plantear este tipo de debates. La máxima prioridad y preocupación en la actualidad debe ser trabajar para superar la pandemia y sus efectos colaterales sobre el tejido productivo, de modo que logremos una recuperación lo más ágil posible, al tiempo que se sientan las bases para un crecimiento
próspero y sólido a futuro.

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