viernes, diciembre 9, 2022
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Las Mujeres y la Enfermería

El papel de los profesionales de la enfermería durante la pandemia ha sido fundamental para afrontar la crisis de Salud Pública provocada por la llegada de la COVID-19. Este acontecimiento ha servido para poner en valor el papel de la mujer en el sector sanitario. Así lo han explicado Natalia Rodríguez Novo, enfermera, Profesora del Departamento de Enfermería de la Universidad de La Laguna, Delegada de la ONG Solidaridad Enfermera en Tenerife y Vocal del Ilustre Colegio Oficial de Enfermeros de Santa Cruz de Tenerife; y Laura Timanfaya Vera Ferrer, enfermera y Matrona, Supervisora de Paritorio, Profesora del Departamento de Enfermería de la Universidad de La Laguna y Presidenta de la Sociedad Científica de Mujeres Enfermeras Investigadoras.

El oficio más necesario

Las enfermeras continúan al pie de una cama, 24 horas al día, 365 días al año. Desempeñan una labor asistencial única que se enriquece de una vocación, entu­siasmo y profesionalidad dignos de reconocimiento. Desde que comenzó la pandemia el traba­jo de las mujeres enfermeras ha adquirido un papel protagonis­ta. La versatilidad, la capacidad de adaptación y la generosidad propias del oficio han quedado de manifiesto en los procesos de gestión, organización y diseño de sistemas que han tenido que implantarse en hospitales, re­sidencias, centros de Atención Primaria, instituciones, etc. Por primera vez se ha visibilizado el papel real de la enfermera en la so­ciedad; su capacidad y dedicación absoluta a los cuidados, siempre con entrega, compromiso y res­ponsabilidad, todo ello a partir de una sólida base de conocimiento científico. A partir de ahora no van a dar ni un paso atrás y seguirán trabajando para potenciar el rol de las enfermeras y su contribu­ción en la mejora de la salud de las personas en una época en que han aumentado los problemas en salud mental, estados de ansiedad, obesidad, sedentarismo.

Nuevos objetivos

En cuanto a los aspectos que se podrían mejorar, lo cierto es que a nivel político no se ha mostrado el respeto y el reconocimiento que la profesión merece. Ha habido un debate público sobre la escasez de enfermeros y, sin embargo, no se ha ampliado el número de plazas para estudiar enfermería en las universidades ni el número de profesores. Los enfermeros que terminan sus grados no son suficientes para cubrir la vacante de los que se jubilan.

Uno de los objetivos principales es que se reconozca a la enfermería la categoría A1. Las enfermeras realizan una carrera universitaria de 4 años para obtener su título de Grado en Enfermería, pero son retribuidas económicamente con el nivel A2, mientras que otras carreras realizan el mismo número de años en sus estudios y son retribuidas como A1. Se trata de un agravio comparativo atroz, que condena a las enfermeras a ojos de la Administración Pública como “profesionales facultativos de segunda categoría”. A su vez, pese a que las enfermeras han demostrado una alta capacidad profesional, unos cuidados basados en la última evidencia científica y el alcance académico a su nivel máximo -como es el Doctorado-, existe una brecha económica que nos diferencia y margina frente a otros colectivos. Por ello, el colectivo se ha sumado a la Campaña del Consejo General de Enfermería de exigir el A1.

Un camino lleno de obstáculos

En el sector de la enfermería como en muchos otros, las mujeres han atravesado dificultades y condicionantes a la hora de desempeñar su trabajo. La turnicidad, trabajar 12 horas, la nocturnidad o la sobrecarga laboral son algunos ejemplos. Es evidente la dificultad que tienen para conciliar la vida familiar con la vida laboral y profesional. El 85% de las enfermeras son mujeres y se calcula que el 60% se encuentra en la franja de edad de 30-40 años, que, además, es la edad que coincide con la edad de mayores responsabilidades familiares -cuidado de hijos, padres, etc.-. Hablamos, en muchos casos, de familias monoparentales donde la enfermera es la única que ingresa dinero en la unidad familiar.

Asimismo, se trata de una profesión en la que se ha infravalorado el cuidado formal e informal de las mujeres como principal agente de cuidado en la familia y en instituciones. No se debe de olvidar que el conjunto de desafíos sociopolíticos, técnicos y prácticos de hoy día, plantea la necesidad de caminar hacia políticas públicas con influencia real sobre la mejora de las condiciones de vida de la población, a través de la enfermera como líder en su profesión y como imprescindible agente del cambio. En esta línea de reivindicación de desarrollo profesional, desde el seno del Colegio de Enfermeros de Santa Cruz de Tenerife, nace en el año 2020 la Sociedad Científica de Mujeres Enfermeras Investigadoras (Sci-Mujer-Enfe). La presidenta y fundadora Laura Timanfaya Vera afirma que se trata de un grupo de enfermeras altamente motivadas para fortalecer, engrandecer y visibilizar el trabajo de las mujeres. Esta Sociedad Científica quiere servir como vehículo facilitador para la creación de espacios de transferencia de la investigación, a través de la potenciación de la investigación colaborativa; de la creación de redes de investigación enfermeras, de la difusión de nuevos conocimientos, así como de la puesta en valor del trabajo que en esta área científica desarrollan las mujeres. De este modo, se plantea como objetivo potenciar el desarrollo del cuerpo de conocimientos enfermero, favorecer el intercambio científico, fomentar el desarrollo de la innovación, dar visibilidad y potenciar la investigación enfermera, con la finalidad de aportar a un beneficio real a nivel social y sanitario.

Empoderadas, capacitadas

Las protagonistas de este re­portaje han reconocido la necesi­dad de regular algunos aspectos como garantizar estabilidad labo­ral. Y es que más del 60% de las enfermeras no están en plantilla o tienen contratos eventuales y han trabajado en esta situación 10-15 años. Es importante que se mejo­ren las libranzas y días para que se puedan recuperar de jornadas de trabajo intensas y como mucho desgaste. Entienden que, llegada la edad de 50 años, se les debe facilitar a las enfermeras pasar a puestos en los que no tengan que realizar guardias nocturnas que suponen tanto deterioro. En los últimos cien años hemos pasado de practicantes, matronas y enfermeras a Ayudantes Técnicos Sanitarios ATS, a partir de 1952, Diplomados en Enfermería a partir de 1977 y Graduados en Enfermería, desde 2009. Es cierto que se ha crecido mucho, pero sigue habiendo muchos techos de cristal en la enfermería.

Si nos centramos en el terreno laboral, se hace imprescindible la incorporación de “medidas family-friendly” en los ámbitos de trabajo, unas políticas neutras en materia de género que son beneficiosas para todas las personas dedicadas a la sanidad, ya sean mujeres u hombres.

Un problema adicional relacionado con este tema puede verse en la composición de las estructuras de salud en el mundo. Las mujeres están sub-representadas en las especialidades de más renombre y casi ausentes de los puestos de poder. Para alcanzar la igualdad, es preciso paliar algunos obstáculos como los sesgos de género en la evaluación de la investigación, la falta de influencia de las mujeres, las desigualdades de género en la promoción y las dificultades de conciliación. Para ello, resulta vital impulsar ciertas medidas que aumenten su participación en la toma de decisiones, la conciencia de las desigualdades de género y la colaboración y la equidad salarial. Es necesario adoptar una transversalidad de género, una estrategia para integrar la perspectiva de género en todos los ámbitos. Las medidas para lograr un mayor equilibrio de género en los procesos de toma de decisiones incluyen regulaciones para conseguir un mayor equilibrio entre mujeres y hombres en las juntas y los comités de ciencias biomédicas.

A pesar de todo, las mujeres enfermeras han aumentado su participación en estudios universitarios, investigación y puestos académicos en los últimos 50 años, pero están sobrerrepresentadas en puestos de menor estabilidad, prestigio y sueldo. Por ejemplo, en España, la participación femenina en el profesorado de educación universitaria del curso 2015-2016 fue del 44% de los contratos, el 40% de los puestos titulares y solo el 21% de las cátedras. Este fenómeno se le conoce como fugas en la tubería, que hace alusión a la desaparición de las mujeres de los peldaños más altos de la escalera académica, debido a que se promocionan menos mujeres que hombres y se les asignan menos recursos institucionales. A su vez, en la sanidad española tres cuartas partes son mujeres.

Se considera profesión femini­zada aquella cuyo porcentaje de mujeres frente a hombres supera el 55%. Por tanto, la enfermería, con ese 85% lo es claramente. Es cierto que la especialidad donde más predominan las mujeres son las Matronas, que es la especiali­dad más consolidada dentro de la profesión y tiene un número mayor de mujeres que de hombres.

Mérito de matronas

Otra de las especialidades más demandada por mujeres es la de Obstetricia y Ginecología, la de matrona, para acompañar, cuidar y apoyar a otras mujeres. No obstante, en los últimos años los hombres se están incorporando a esta esfera de cuidado, y de hecho, ha surgido el nombre de matrón. Las matronas reúnen una serie de competencias ligadas a la capacitación como enfermera, por lo que su rol como especialista no supone una delimitación en su ámbito laboral enfermero. Son profesionales autónomas que asumen la responsabilidad de su propia práctica profesional en el cuidado de la mujer gestante y del feto, facilitando que la mujer tenga una vivencia del nacimiento de su criatura única en condiciones de seguridad y salud excelentes, bajo un prisma de evidencia científica, y siempre detectando los acontecimientos que se salen de la normalidad. Además, las matronas acompañan a la mujer durante todo su ciclo reproductivo, facilitando una atención centrada en la mujer y en su recién nacido, apoyando y ayudando a mantener la opción de alimentación del neonato escogida por la madre.

En la actualidad, Laura Timanfaya Vera desempeña su trabajo como matrona Supervisora de Enfermería de la Unidad de Paritorio de un hospital de tercer nivel.

A nivel personal, cuenta que ha supuesto un reto y una gran satisfacción estar involucrada directamente en el sistema de gestión de calidad en el cuidado de la mujer (tanto a nivel obstétrico como ginecológico) y en la atención al recién nacido. Durante la época de pandemia se debe garantizar la seguridad del personal, implementando todas las medidas de protección establecidas por Salud Laboral, así como asegurar que el proceso del parto y la vivencia de la mujer no se va a ver afectado por las restricciones impuestas por los Comités de Seguridad Clínica respecto a las medidas de contención de la pandemia. La presidenta asegura que ninguna de las pacientes se ha contagiado dentro del servicio y no han tenido focos entre los trabajadores de la Unidad.

Voluntarias

Respecto a las labores de voluntariado, el espíritu altruista está presente en las numerosas campañas organizadas y promovidas por las enfermeras con el objetivo de sensibilizar a la población. Así, la organización colegial ha creado recientemente la ONG Solidaridad Enfermera, que lleva a cabo numerosas acciones de educación, promoción de la salud en aras de dar respuesta a las inquietudes de las enfermeras.

La pandemia ha despertado más que nunca la conciencia social, siempre presente en la profesión. Hasta ahora, la ONG ha participado en diferentes proyectos como la instrucción de técnicas de RCP en colegios, la impartición de talleres a ciudadanos sobre medidas de higiene y contención del SARS-Cov 2, el Maratón de Recogida de Alimentos, Juguetes y enseres de higiene personal, a beneficio del Banco de Alimentos de Tenerife o en la formación de enfermeras de Ghana en Emergencias en Salud Pública, realizada a petición de la ONG Mujeres por África y en colaboración con el Gobierno de Canarias.

El Colegio de Enfermeras

La mayoría de miembros del Colegio de Enfermeras de Tenerife son mujeres. Lo constituyen un total de 26 personas, de las que 10 son hombres y 16 mujeres. Se trata de una junta con multitud de colaboraciones transversales y de proyectos en camino, donde la voz de las mujeres es verdaderamente escuchada. Según Natalia Rodríguez Novo, la asociación de Mujeres Enfermeras Investigadoras se presentó el pasado 11 de mayo con el objetivo de potenciar el desarrollo y favorecer el intercambio científico de los profesionales a través del apoyo a proyectos de investigación, publicaciones y tesis doctorales. Cada vez más la incorporación de la mujer en estos órganos de representación es más palpable.

Por otra parte, no se debe dejar a un lado la Perspectiva de Género, poco trabajada en el ámbito de la atención en salud y en la política en cuanto a la gestión del entorno científico e investigador. Las mujeres cada vez más encabezan cargos de gestión, supervisión, direcciones de enfermería, asociaciones, sindicatos, universidades, y órganos colegiales. Como en todo, esta incorporación de género y relevo generacional se produce de manera progresiva. El Colegio y sus iniciativas son una manera de dar visibilidad a la profesión y a la mujer. Las enfermeras trabajan para alcanzar el reconocimiento y la igualdad en una lucha por romper los techos de cristal.

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