martes, agosto 9, 2022
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Amnesia Estival

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Parece el verano de 2019, pero no lo es

Estamos, de nuevo y por suerte, en medio de una gran demanda turística. Tanto que incluso parece que hemos hecho un flashback y estamos en verano de 2019: hoteles y todo tipo de alojamientos casi llenos y con unos precios altísimos, restaurantes, bares, calles y plazas abarrotadas de turistas y un incesante flujo de aviones sobrevuelan nuestras cabezas llevando y trayendo pasajeros a nuestras islas. Todo esto nos recuerda a los años prepandemia y nos da una sensación de normalidad pero nada más lejos de la realidad.

En primer lugar, hay que decir que tenemos que estar muy satisfechos -e incluso aliviados- de cómo se ha dado la vuelta a la situación y tener de nuevo estas grandes cifras de turismo y esta aparente normalidad. Todo el sector lo ha pasado muy mal en estos dos años de crisis sanitaria y económica, y este resurgir del turismo es tan bienvenido como necesario para las empresas que hemos logrado seguir en pie. Y está permitiendo poder respirar a quien han resistido los golpes del cero turístico y de las restricciones para viajar. Porque no, las empresas turísticas sean hoteleras, agencias de viaje o del tipo que sea no estamos ninguna para lanzar las campanas al vuelo. Es necesario que esto sea mucho más que un magnífico verano; necesitamos que se prolongue en el tiempo esta reactivación de la demanda. Para muchísimas empresas esto es vital. Que se lo pregunten a todas aquellas a las que se les acaba justo ahora la moratoria para devolución en los créditos ICO, por ejemplo.

Y claro que no, por supuestísimo que no estamos en verano de 2019. Por mucho que se pueda parecer, estamos en una época muy distinta. Ante esta rapidísima escalada de la demanda nos encontramos con un panorama muy complejo: en primer lugar por la escasez de personal así como de vehículos, sean coches de alquiler o guaguas de turismo. Hoy es muy frecuente ver en Linkedin u otras plataformas a empresas o profesionales con el hashtag “#Hiring” o “#buscamostalento”. Igualmente conseguir un coche de alquiler, una excursión o un traslado al aeropuerto puede ser imposible, complicado o a un precio muy alto. Todo ello es claramente consecuencia de la pandemia.

En estos dos años muchos trabajadores tuvieron que reinventarse, cambiar de sector, opositar e incluso marcharse a otros lugares a trabajar, así como mucha mano de obra extranjera tuvo que regresar a sus países de origen al no haber trabajo aquí. Y referente a la escasez de vehículos viene debido a varios factores entre los que destacan que muchas empresas de transporte tuvieron que cerrar, otras fueron compradas por otras, coches de alquiler y guaguas que se tuvieron que vender porque estaban paradas y para generar ingresos para hacer frente a pagos. Y hoy, ante la situación de aparente normalidad las empresas de este subsector no se atreven a hacer una fuerte apuesta en personal ni en vehículos.

Lo primero como consecuencia de la última reforma laboral que hace que el trabajador pase a indefinido tras el periodo de prueba, entre otros puntos que todos conocemos. Con las arcas aún en recuperación y ante una situación de poca certeza a medio y largo plazo es para pensárselo. A la par está el debate de si el personal de turismo podría estar mejor pagado, valorado o si las condiciones son más o menos mejorables.

Y en cuanto a la falta de vehículos es igualmente debido a la inestabilidad política y económica. El desabastecimiento de componentes, el encarecimiento energético y el contexto de incertidumbre económica generado por la pandemia y la guerra en Ucrania, son motivos más que suficientes para comprender la tesitura ante la que se encuentran las empresas de servicio de transportes y, por ende, la demanda supera con creces a la oferta.

La clave para que toda esta situación vaya mejorando está en el comportamiento de la demanda. “¿Cuánto va a durar este boom?”, “¿qué va a suceder tras el verano?”, “¿y el año que viene?” son las preguntas que todo ente del entorno turístico se hace para dar el siguiente paso. En el deseable caso en el que esta alta demanda o similar se prolongue en el tiempo tendría un efecto positivo que desbloquearía el mercado laboral y la disponibilidad de vehículos. Ante esta hipotética certidumbre volvería a venir poco a poco más mano de obra extranjera y los profesionales locales volverían a apostar por trabajar en “su” sector. Y por otro lado, las transportistas apostarían más y mejor tanto por renovar sus flotas como por contratar más personal en un escenario de desbloqueo de fábricas de vehículos y componentes.

Pero la realidad es otra y a día de hoy si no sabemos qué va a ocurrir en el corto plazo, por tanto mucho menos en el medio y largo. La situación de inestabilidad económica, política e incluso sanitaria parece que va a seguir durante un tiempo. Por tanto, nos toca vivir y gestionar nuestros recursos en esta época de poca certidumbre. En cierto modo, es adaptarnos al modus operandis de la demanda que parece vivir en una especie de “carpe diem” tras mucho tiempo ahorrando por no poder viajar ni realizar sus actividades de ocio con cierta tranquilidad y seguridad. No nos queda otra que disfrutar este momento, eso sí, con un ojo puesto en la peligrosa espiral inflacionista de los precios y deseando que esta especie de bonanza se prolongue en lo máximo posible.

Oscar Miguel Zárate Perdomo

Director

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