miércoles, junio 29, 2022

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«Pensamiento Digital, Cultura Digital»

La cultura de una empresa es ese intangible que refleja el ADN o la personalidad de la organización. Contempla todo un conjunto de valores, creencias, hábitos, tradiciones, actitudes, experiencias… que comparten todas las personas que la forman e influye directamente en su comportamiento grupal e individual. Las empresas cada día son más conscientes de la importancia que tiene trabajar la cultura de la organización y por eso no es de extrañar que los departamentos de RR.HH tengan entre sus objetivos prioritarios salvaguardar el ADN y velar por su buen estado de salud.

 Lo cierto es que mucho se ha hablado últimamente de la cultura empresarial, sobre todo después del proceso de transformación digital que se vio acelerado por la pandemia. En un ecosistema cada vez más digitalizado las empresas buscan con urgencia añadir a su cultura un nuevo valor: digital. Una empresa que lleve por bandera la cultura digital podrá, sobre el papel, adaptarse mucho mejor a todos los cambios que nos abordan cada vez a mayor velocidad. Pero, ¿cómo podemos conseguir implantar la cultura digital en la compañía? ¿Cuánto tiempo nos puede llevar? ¿Digitalizar nuestro ADN es una moda pasajera o realmente se puede convertir en un factor crítico y competitivo?

Son muchas las cuestiones que nos surgen al abordar este asunto y muchas las incógnitas a resolver antes de ponernos en marcha. Sin embargo, entre tanta incertidumbre podemos encontrar algunas claves que nos pueden ayudar a trazar el mejor camino hacia la digitalización de nuestra compañía. Lo primero que tenemos que tener claro es que la cultura empresarial es algo que va de arriba a abajo. Es la Dirección la que establece todo el conjunto de valores, creencias, hábitos, tradiciones, actitudes, experiencias… que luego es asimilado e interpretado por los equipos.

Si lo pensamos bien tiene su lógica, pues la Dirección cuenta con todos los recursos necesarios para inyectar el mensaje cultural y darle la forma que necesita. Si asumimos esta premisa, el despliegue de la cultura digital de la empresa será directamente proporcional al grado de digitalización de su equipo directivo. Cuando la Dirección tiene un pensamiento digital; de manera natural, la cultura se impregna de unos y ceros y todo fluye con suma facilidad. 1 En caso contrario, nos encontraremos con un quiero y no puedo, y cada acción que se ponga en marcha para digitalizar la compañía terminará por ir contra natura, y aunque creamos que no, siempre se terminará notando, pues decimos una cosa y acabamos haciendo otra. Un ejemplo que nos puede ayudar a ilustrar esta dicotomía digital es el del teletrabajo.

Muchas empresas no tardaron ni un minuto en volver al modelo tradicional presencial desde el mismo instante en el que se suspendieron las restricciones por la COVID; sin embargo, otras entendieron que había cosas buenas en el teletrabajo y han terminado adoptando un modelo híbrido. Esto no quiere decir que unas compañías lo estén haciendo bien y otras mal: es solo cuestión de cultura. Pero no basta con que la Dirección incorpore el pensamiento digital a la cultura de la empresa, el siguiente paso es llevarlo hasta los equipos, y los equipos lo forman personas, y las personas no cambian de la noche a la mañana. Implantar una cultura digital requiere tiempo, esfuerzo y sobre todo, una estrategia. Es en la implementación de la estrategia digital donde fracasan la mayoría de las empresas.

La transformación digital no va solo de comprar nuevo equipamiento, llevar los servidores a la nube, actualizar el ERP, hacer una app, mejorar la ciberseguridad… y aburrir a los equipos con nuevos términos y nomenclaturas que no hacen más que distraernos del objetivo final. El éxito de la transformación digital reside en poner siempre a las personas en el centro. Cuando la cultura digital premia el éxito colectivo, el avance silencioso de los pequeños logros cotidianos, el despliegue de los cambios transparentes, la evolución natural de los procesos más allá de la revolución con bombo y platillo que suele venir acompañada del fracaso…entonces las personas, casi sin darse cuenta, incorporan el pensamiento digital en su día día. Cuando esto se consigue, el proceso de digitalización ya no hay quien lo pare y casi podemos decir, que camina solo. La mejor manera de lograr incorporar a nuestras empresas la cultura digital es a través del pensamiento digital porque lo que pensamos, tarde o temprano, se convierte en palabras, las palabras en acciones, las acciones en hábitos, y los hábitos en cultura.

 En definitiva, lo que pensamos nos da forma. Si nuestro pensamiento es digital, nuestro destino será digital. Desde luego no resulta sencillo, pero merece la pena intentarlo porque, básicamente, no tenemos otra alternativa. La economía camina hacia un modelo cada vez más digitalizado. No entenderlo o no adaptar nuestro pensamiento al nuevo escenario puede poner en jaque nuestro negocio. La historia nos enseña que el número de empresas que han desaparecido por no saber adaptarse a los cambios es enorme, lo importante es que nuestra empresa no se incorpore a la tan temida lista negra. El tren de la digitalización hace tiempo que se puso en marcha, los más rezagados todavía están a tiempo de cogerlo, pero el plazo se agota. Hoy puede ser el día ideal para empezar a construir tu pensamiento digital.

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