miércoles, noviembre 30, 2022
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Amnesia Estival

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Roma, también fue un imperio 

Soy Millennial y europeo. Sí, de esos que han pillado el puente de lo analógico y lo digital justo en medio, pero Millennial y últimamente no puedo dejar de reflexionar en el momento histórico tan difícil que hemos y estamos viviendo. 

Nos hemos entregado totalmente al hedonismo

No sólo por la crisis de la Covid-19, que es una pieza más de este complicado puzle que intento armar en mi cabeza. Venimos de encadenar crisis que comentamos tranquilamente en casa con un Gin Tonic y un móvil de última generación. 

Pagamos a plazos las vacaciones y los regalos de Reyes porque, en los últimos veinticinco años, el mensaje que nos han instalado en la cabeza es “que no falte de nada”. 

Y sí, hay verdaderos dramones que no podemos obviar, gente que han perdido sus casas, que no llega a final de mes y que lo está pasando mal, pero este artículo no va de esa gente a la que sin duda hay que ayudar. Hablo de la sociedad media, esa que, con la inflación de casi dos cifras, se va a tener que amarrar el cinturón y va a pasarlo mal. 

Vivir, cañas y playa, es lo que hemos aprendido que tenemos que recuperar en nuestras vidas, pero créanme si les digo, por lo que veo a mi alrededor, que sobre todo a la gente joven, se le está yendo de las manos. Veo ausencia de liderazgos, una necesidad de recibir atenciones sin moverse demasiado y esto no es posible en ninguno de los aspectos de la vida. Mi abuela siempre me decía, “el que quiere lapas, que se moje el culo”. Claro que en aquel momento de mi vida no entendía muy bien qué me quería decir, pero vendría a traducirse que, hay que esforzarse para conseguir las cosas que uno quiere, y lo que percibo es que esto no está ocurriendo, que lo que está pasando es que nos hemos entregado al hedonismo. 

La crisis del esfuerzo 

Y si ya el sistema educativo te dice que vas a pasar de curso, aunque no te esfuerces demasiado. Si tener una carrera universitaria ha dejado de ser una garantía para tener un trabajo que te permita tener una vida. Y si estamos todo el día diciendo que, si te pones a trabajar duro y te va bien, te van a demonizar por eso mismo, ¿cómo vamos a explicar a las nuevas generaciones que es necesario esforzarse para ser competitivos? 

Estamos construyendo un futuro que va a tener graves consecuencias si no somos capaces de revertir los pensamientos sobre todo de, de darle sentido común a las cosas y entender, que igual que si entrenas duro, tendrás mejores resultados, si te esfuerzas y haces las cosas bien y con valores, te irá mejor y al mundo le tiene que parecer bien. 

Igual que admiramos el trabajo de Nadal en el tenis, debemos de dejar de hacer demagogia con el empresariado y alegrarnos de que, si se esfuerzan y hacen las cosas desde el buen hacer y con valores, les vaya lo mejor posible. 

La vieja Europa, sin plan de negocio ni sentimiento de pertenencia 

Y ya les decía al principio, que soy Millennial y europeo, y es por eso por lo que cada vez me siento más triste de ver como no estamos siendo capaces de explicar la importancia de estar cohesionados y ser competitivos en el mundo. 

Nos hemos convertido en un mastodonte que ha dejado de entender que el mundo se “está poniendo las pilas”. Países como China, con una fuerte economía y que ha sabido jugar sus cartas con la Covid, en un crecimiento económico que nosotros no somos capaces de soñar. Invirtiendo en África, que desde Europa dejamos tirados después de años de conquistas. Dependiendo energéticamente de Rusia, y preocupados por la escasez de cereal que traíamos de Ucrania, somos una empresa que ha externalizado sus materias primas mientras no teníamos un plan B. 

Hablamos de filosofía, pero como empresa, Europa ha dejado de tener un plan de negocio eficiente y esto tiene que ver sin duda con la baja calidad de nuestra política, que están más preocupados por el titular, y por no defraudar, que por hacer las cosas que sean necesarias para no llevarnos a la banca rota. 

Tenemos que entender que nuestra posición en el mundo empieza a flaquear, y esto me pone triste, porque no estamos hablando  de un sentimiento banal y populista. Hablamos de la vida de nuestros hijos y de nuestros nietos. Hablamos de perder la posición de seguridad y bienestar que hemos tenido y tenemos hoy en día. 

Cobardes y simplistas 

Y no puedo dejar de reconocer la difícil tarea que tienen nuestra clase política y mucho menos confesar que conozco a gente cualificada y con unas capacidades extraordinarias, lo reconozco, sin embargo y por desgracia, son los que menos duran víctimas del cutrismo instalado en la partitocracia. 

Es cierto que, desde que soy presidente de AJE, he ido subiendo el tono a la hora de manifestar mi disgusto. No lo hago por mala persona, lo hago por la desesperación que me produce ver cómo es posible devolver la esperanza a la juventud y no lo estemos haciendo. Lo hago porque no tengo un interés personal sino del bien general y eso me hace libre y concienciado. 

Si la política no deja de luchar, si no se pone a construir, lo vamos a tener complicado. A esos que no lo entienden y que están asegurando su puesto dentro del barco, se los digo claramente, son unos cobardes y simplistas. 

La caída de un imperio 

Todos hemos oído hablar del Imperio Romano, de su grandiosidad y extensión, pero lo más importante, también sabemos que cayó. 

Una de las claves de la caída del imperio, es el avance de otras civilizaciones, esto quiere decir que cuando nos acomodamos y otros empiezan a esforzarse por destacar, mientras nosotros vivimos en una falsa calma. 

Las luchas por el poder también fue una de las grandes claves, algo que no dejamos de ver en nuestra clase política y que produce decepción y tristeza. 

Y me atrevería a decir que la más importante, y como si de una empresa se tratase, por la falta de modernización, de visión y de propósito. 

Querida Europa, aprovecha toda tu historia para volver a estar en la vanguardia y entre todos y todas podemos volver a ser ese faro que iluminaba el mundo. 

A todos los que me leen y no están haciendo nada para contribuir a una sociedad más competitiva, solo les quiero recordar que Roma, también fue un imperio. 

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