lunes, septiembre 26, 2022

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Se busca talento digital

Un informe reciente de DigitalES, la Asociación Española para la Digitalización, ha puesto en cifras una realidad que empieza a ser cada vez más preocupante: faltan profesionales de la tecnología.

Esta “Radiografía de las vacantes en el sector tecnológico. 2022” que desde hace unas semanas lleva circulando por las redes, aporta unos datos muy interesantes que conviene analizar con cierto detenimiento. La conclusión del informe no puede ser más contundente: se buscan 120.400 tecnólogos en España, de los cuales 7.200 se localizan en Canarias.

Números muy llamativos si tenemos en cuenta que vamos hacia una economía cada vez más digitalizada que precisa de cono- cimiento para poder seguir manteniendo el ritmo de crecimiento que estamos experimentado en los últimos años.

La lista de vacantes del sector la encabezan los desarrolladores de software, con una cifra que ronda las 40.000, casi un tercio del total; seguidos por los técnicos de sistemas y, como no, por los especialistas en ciberseguridad. Estos tres perfiles suman casi 90.000 vacantes en España.

Pero la digitalización también ha creado nuevos perfiles que, en la misma línea que los ya mencionados, están sufriendo una fuerte demanda. Entre otros los relacionados con: Realidad Virtual (VR) y Realidad Aumentada (AR), Inteligencia Artificial (IA) y Robótica, Cloud, Gestión de Proyectos, Big Data, ERP, CRM y BI, Helpdesk y Telecomunicaciones.

Desde hace ya un tiempo estamos empezando a ver las primeras consecuencias de este déficit de profesionales del sector tecnológico. Las empresas van a la caza de estos perfiles y el mercado laboral comienza a moverse, peligrosamente, por precio, con todo lo que ello implica, porque al final estas subidas de la masa salarial por escasez de talento acaba repercutiendo, ineludiblemente, en la factura que le llega al cliente.

Por otro lado, la falta de personal cualificado hace que los proyectos se alarguen en el tiempo mucho más de lo habitual y las tareas comienzan a acumularse en el backlog de los departamentos de IT.

Esto suele derivar en una disminución de la calidad de los servicios entregados al cliente y/o en un estrés añadido para los equipos que ven que las horas del día no dan para tanto.

Y en medio de este enorme déficit de talento nos encontramos con un mundo que consume cada vez más y más tecnología sin importarle la escasez de materia prima para fabricar dispositivos y, mucho menos, que no existan profesionales con el conocimiento necesario para poder desplegar los proyectos técnicos que, además, son cada vez más complejos.

La situación comienza a ser crítica y promete complicarse aún más conforme vaya pasando el tiempo porque la solución no es fácil y, además, es probable que el problema termine por convertirse en algo estructural.

Tardaremos años en formar a las nuevas generaciones que hoy están en los institutos y en las universidades para recuperar una curva razonable que compense oferta y demanda, todo esto dando por hecho, que también habrá que reciclar algunos perfiles profesionales del mercado laboral que han sido víctimas de la obsolescencia sobrevenida propia del progreso.

Esto que estamos padeciendo no es nuevo en la historia de la humanidad y se parece mucho al fenómeno que se vivió, por ejemplo, con la revolución industrial de principios del siglo XIX cuando hubo que hacer lo imposible para cubrir los nuevos perfiles que demandaban las fábricas.

También en nuestra realidad más cercana, la de Canarias, se vivió algo similar con el boom del turismo de los años setenta. Muchas personas que se dedicaban al sector primario cambiaron el zacho por la bandeja en busca de un futuro mejor y en muchos casos este cambio vino acompañado por un éxodo masivo de la población desde las zonas rurales hacia los nuevos centros turísticos localizados en el sur de las Islas.

Pero ahora el salto es mucho mayor porque los «1» y «0» hacen que todo vaya más rápido al tiempo que cobre más intensidad, corriendo el riesgo de crear una brecha en la sociedad y lo que es aún peor, que perdamos el ritmo del crecimiento que viene de la mano de la economía digital. Y todo esto bajo la sombra de una recesión que amenaza con bloquear la economía mundial.

Sin embargo este mismo problema derivado de la incapacidad del sistema para cubrir las vacantes tech, se convierte en una enorme oportunidad para las nuevas generaciones que buscan incorporarse al mercado laboral en un sector en expansión que les ofrece una infinidad de oportunidades para desarrollar su talento.

Y existen muchas más oportunidades, especialmente para Canarias, porque la deslocalización de los centros de trabajo abre un abanico de posibilidades profesionales que van mucho más allá de nuestras Islas, tanto para captar talento como para colocarlo.

Nos esperan tiempos complicados e inciertos y, ahora más que nunca, se hace necesaria una colaboración público-privada sólida y comprometida que nos permita cubrir, en el menor tiempo posible, estas 120.000 vacantes que necesitamos para responder a la demanda que está generando la transformación digital de la sociedad.

Todavía estamos a tiempo de coger las riendas y tomar las medidas necesarias para, como mínimo, evitar que el diferencial siga creciendo y así salvar el, más que probable, colapso de un sector que se ha convertido en una pieza fundamental para nuestra economía.

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