domingo, enero 29, 2023
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Sostenibilidad emocional

“ Quien se atreve a enseñar nunca debe dejar de aprender” es la frase de John Cotton Dana que hace reflexionar a quiénes nos dedicamos a formar a otros, sobre la necesidad de la formación y el reciclaje continuos. ¿Con qué objetivo? El de la suma constante de conocimientos y aprendizajes que nos ayuden a desempeñar de manera más eficiente nuestra misión, que no es otra que contribuir al crecimiento personal y profesional de otras personas. En el desarrollo de esta área de crecimiento continuo, no hace mucho descubrí el concepto de “Sostenibilidad Emocional”, el cuál me generó muchísima curiosidad, lo que me llevó a profundizar en él, tirando del hilo para comprobar hasta donde me llevaba finalmente.

 Este concepto está vinculado al trabajo de la psicóloga Inma Puig, que también habla de la revolución de las emociones y de que “el futuro es de los sensibles”. Indagando entre no poco material bibliográfico y audiovisual, estudiando sus argumentos y explicaciones sobre el concepto, se produjo en mi un refuerzo del convencimiento de que, es de suma importancia, volver a poner a la persona en el centro. A nosotros mismos, incluso, desde una mirada generosa para poder aportar más a los demás y a la sociedad. Realizamos a menudo no pocas referencias al concepto de “sostenibilidad”.

De hecho, se ha convertido en la coletilla permanente de muchos de nuestros relatos, ya sea en el marco relativo a las empresas, en el de los medios de comunicación, o en el de las políticas nacionales e internacionales, por nombrar algunas áreas. Pues bien, lo que plantea Inma Puig es usar esta misma acepción, en todo su significado e implicaciones, a las personas. La referencia que se genera en mi mente en relación a lo que implica el concepto de sostenibilidad emocional, tiene que ver con el mensaje que nos dan cuando viajamos en avión y nos transmiten las instrucciones de seguridad relativas a las mascarillas de oxígeno: “Antes de ponerle la mascarilla al menor que le acompaña, póngasela Ud. primero”.

 Resulta obvio que es muy difícil ayudar a los demás, si nosotros mismos no nos encontramos bien. Desde esta óptica, trabajar la sostenibilidad emocional como una herramienta que nos ayude a soportar los grandes cambios que estamos viviendo en estos momentos, y los otros muchos que vendrán, se hace más necesario que nunca.

 ¿De qué se trata entonces exactamente? Básicamente se trata de ser ecológicos con nosotros mismos. ¿Ecológicos con nosotros mismos? ¿Pero de qué va esto? Pues ni más ni menos que, de cuidarnos, de respetarnos, de darlo todo sin desgastarnos, sin agotarnos emocionalmente y sin agotar nuestros recursos emocionales que seguiremos necesitando día tras día. Debemos desarrollar nuestras habilidades para sociabilizar desde el respeto y la educación con uno mismo, y con el medio ambiente.

Como herramienta básica para conseguirlo está la Inteligencia Emocional, que podríamos traducir como el gobierno adecuado de nuestras emociones y que nos ayuda a amarnos a nosotros mismos y a los demás, enseñándonos a gestionar nuestras emociones y dotándonos de herramientas necesarias para poder gestionar nuestra vida. A pesar de tener a nuestro alcance comida, casa, ropa, vehículo, viajes,… nuestra sociedad está atravesando por una pandemia de aburrimiento, depresión, frustración, … ya que lo único importante parece ser el tener, el tener cada vez más, cuando lo realmente importante está en el SER, en el crecer personal y profesionalmente de forma sostenible.

 Sin sostenibilidad emocional, los días nos resultarán aburridos, duros y largos, y la lucha del día a día será muy agotadora. Ser ecológicos con nosotros mismos y con los demás, consiste en aprender a expresarnos de una forma más sana, tanto con nosotros mismos como con nuestros congéneres.

Esto nos llevará a sentirnos mejor y a ser personas, emocionalmente, más equilibradas. En mi labor profesional con las empresas, percibo, cada vez más, la importancia de trabajar la inteligencia emocional y la sostenibilidad emocional. Son muchas las organizaciones con las que colaboro las que están trabajando la “transformación digital”.

 ¿Y cuáles son las que lo consiguen de una forma más fácil, ágil y económica? Aquellas que, además de trabajar la transformación tecnológica, trabajan también, y con la misma intensidad, el acompañamiento que requiere la revolución emocional que vivimos en la actualidad. En mi opinión, la Transformación Digital no se puede conseguir si no va de la mano de la Transformación Emocional.

Conseguir desarrollar la inteligencia y la sostenibilidad emocional en las organizaciones, no es algo que se logre en el corto plazo, pero los resultados que se obtienen compensan, con creces, el tiempo invertido y los esfuerzos realizados. Tenemos que salirnos del piloto automático, tanto a nivel personal, como a nivel organizacional. En este mundo tan interconectado, donde el trabajo en equipo, presencial o en remoto, está a la orden del día, preferimos tener cerca o relacionarnos con personas sensibles, que se sepan expresar desde el respeto y desde el compartir y apoyar, antes que personas faltas de inteligencia emocional, con dificultades para controlar sus emociones, que tienen luchas internas que perjudican su capacidad de trabajo y, como no, su relación con el resto de personas que forman parte de su equipo de trabajo. El futuro será de las personas y las organizaciones sensibles y sostenibles. Personas y Organizaciones que no se autoesquilmen emocionalmente, ni esquilmen los recursos emocionales de las personas con las que se relacionan.

 Relativizar, fijarnos objetivos materiales y emocionales, parar de vez en cuando y pensar en nosotros, en cómo nos sentimos y en cómo hacemos sentir a los demás, son los primeros pasos para empezar a ser ecológicos, no solo con el medio ambiente, sino con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.

PRESEN SIMÓN
DIRECTORA DE TRANSVERSALIA CONSULTING

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