viernes, diciembre 2, 2022
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Un año después del Cumbre Vieja

El 19 de septiembre se cumplía un año de la erupción del volcán Cumbre Vieja.

Tuve la ocasión de visitar la isla en el mes de agosto y ver las consecuencias de los estragos de la isla.

Zonas totalmente calcinadas, carreteras aún sin poder ser utilizadas, casas vacías en las que sus habitantes un año después no han podido recuperar.

No están solos, y de hecho las ayudas y reacción del gobierno autonómico como el de la nación no han parado en este año.

Sí, es fácil tener esa visión estando fuera, pero estarán de acuerdo conmigo que es muy complicado levantar una isla en la que el volcán con sus rugidos arrasaba con todo lo que se le ponía por el camino.

No son momentos de politizar, y mucho menos de utilizar las tragedias para ganar puntos de cara a las elecciones.

Hay opiniones de todo tipo. Que, si van lentos, que, si todavía no pueden recuperar sus viviendas, etcétera.

Seguimos sin entender que estamos en tierras volcánicas. Que debajo de nuestras casas tenemos tierras volcánicas, que las desgracia nos encogió el alma a todos La naturaleza nos lo recordó y como muchos expertos nos dicen, esto debe servir para que sepamos donde edificamos, las consecuencias de vivir en zonas volcánicas y la importancia de cuidar nuestro medio ambiente sin utilizar zonas de mayor riesgo.

Si especialistas volcánicos han recordado estos días los tres meses de rugidos y destrucción de gran parte de una isla, no menos importante ha sido el papel que han jugado periodistas gráficos, como es el caso del periodista gráfico Rafael Avero, nos decía en el programa de radio que dirijo cada semana, donde nos contaba lo que vivió allí. Nunca mejor dicho una imagen valió más que mil palabras. Frase recordada otro fotógrafo, Miguel Hernández Sánchez, así como el periodista Rafael Lutzardo.

Me pregunto si en este año se le ha dado la importancia y la gran valía de todas las personas desde diferentes profesiones, estuvieron ahí día tras día manteniéndonos informados.

Un año después La Palma se convertía de nuevo en un punto negro debido al temporal en el que las lluvias han hecho estragos en diferentes puntos de las islas, convirtiendo entre otras islas a La Palma con el semáforo rojo.

Las cenizas podían ser arrastradas por las lluvias, pero por suerte eso no ha ocurrido y las nuevas tensiones se han ido disipando.

Aunque tampoco podemos olvidarnos que cualquier alteración a palmeros y palmeras les hacen estar constantemente en la retaguardia.

En el documental que nos recordaba esos meses de desolación, nos hablaban de los diferentes volcanes, donde el Teide, dentro de esa gran belleza que la naturaleza dibujó tras una erupción volcánica, se encuentra una bomba nuclear. Y no, no es cuestión de que dramaticen o exageren, quienes se creen estar por encima incluso de auténticos científicos y se niegan a ver la realidad. Y la realidad es esa, dentro de un volcán se esconde una bomba que cuando despierta no tiene pasión.

Con esto quiero hacer ver la importancia que tiene no retar a la naturaleza, la importancia de cuidar lo que tenemos, no masificar terrenos que son un peligro por estar una zona volcánica como todas las islas.

Cambio climático, lluvias torrenciales que aparecen y que por suerte han servido de momento para limpiar la atmósfera y que nuestros barrancos se conviertan en cascadas de aguas claras que harán que nuestros campos estén preparados para sembrar y dejar que después de este otoño e invierno, den paso a una próxima primavera llena de colores que resaltarán después de mucho tiempo sin verlos así.

Un año después del Cumbre Vieja nos toca seguir apoyando a nuestros palmeros y que la bien llamada Isla Bonita siga su curso en donde la belleza, jamás perdida sea aún más bella.

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