miércoles, diciembre 7, 2022
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Amnesia Estival

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Urge el desbloqueo de la inversión

Una de cada cuatro familias ha perdido la capacidad de ahorro. Miles de empresas tienen problemas de pagos, otras miles de cobros. Muchas cuentas de resultados serán en negativo este año. Muchas prescindirán de empleados para subsistir. Demasiadas recurrirán al endeudamiento para hacer frente al pago de salarios y proveedores. Otras muchas, sin embargo, se verán abocadas a concursos de acreedores. No pocos autónomos cerrarán las persianas. El consumo bajará, la inversión descenderá radicalmente. El PIB nacional en números muy tristes; el de Canarias, por lo pronto, coge aire gracias al sector turístico. Un final de año alentador, ¿verdad?

Estaba claro desde hace muchos meses, pero los políticos y muchos empresarios se negaban a mirar a la realidad cara a cara. El contexto económico de este 2022 nos abocaba a otra crisis y a una recesión, pero seguíamos pensando y debatiendo sobre temas banales. La falsa ilusión de bonanza tras el covid, incentivada por meses de encierro que aumentaron la capacidad de ahorro de muchas familias, nos introdujo en una espiral que fue convirtiéndose en un embudo con los distintos acontecimientos, véase la escasez de componentes electrónicos o la falta de materias primas o el estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania, para continuar una inflación desorbitada. Esto nos deja en la casilla de salida hacia unos meses duros, muy duros, donde las empresas tienen un papel fundamental, de eso no cabe duda, pero si hay alguien que debe liderar esta travesía por el desierto es la administración pública.


Hay economistas y líderes empresariales que vaticinan un cierre de no pocas empresas pero aseguran un cierto mantenimiento del empleo. Otros observan la necesidad de frenar el consumo para moderar la inflación. Otros, en cambio, sostienen la obligación de incentivar la inversión privada y el flujo económico para que, de esta manera, los ciudadanos sean los menos perjudicados y sus puestos de trabajo estén asegurados. Y, en esta línea, líderes empresariales de las islas han mostrado las últimas semanas su rotundo rechazo al bloqueo de la inversión en el archipiélago.

Sin recurrir a una cifra exacta ante el riesgo de no ser rigurosa por el desconocimiento del número concreto, son cientos, miles de expedientes y de licencias las que están totalmente paralizadas en las administraciones. Licitaciones atascadas, concursos públicos que no arrancan, autorizaciones que no llegan. Y esto es una absoluta vergüenza, más teniendo en cuenta la grave situación económica a la que caminamos con paso firme. Sin ir más lejos, en ciertas instituciones comenzaron las licitaciones de este 2022 en el mes de junio, con seis meses de retraso. ¿De quién es la culpa? Los políticos dicen que de los funcionarios, los funcionarios lo achacan a la mala tramitación de los políticos o la falta de concordia y acuerdo entre los propios grupos de gobierno. Mientras tanto, empresas que quieren realizar inversiones en las islas, obras pendientes de comenzar y proyectos que ven el suelo canario como el escenario para comenzar a funcionar… parados.

Todo parado. En seco. Bloqueo de la inversión. Bloqueo de recursos económicos. Bloqueo de la generación de empleo. Vamos, una vergüenza, aunque nadie se ruborice.

Son muchos los meses, incluso años, los que se ha pedido una simplificación de la burocracia, más agilidad a la hora del otorgamiento de licencias, más dinamismo. Y aquí estamos. No es por falta de proyectos, no por es falta de liquidez para inversiones. Es la burocracia, ¡la burocracia! Y esto es realmente triste porque aquel que quiere, o necesita, invertir lo hará. Si no es en Canarias, será en otro territorio. Luego vendrán las lágrimas, fieles compañeras de las excusas, pero será tarde.

Canarias no puede perder oportunidades por la ineficacia de la administración, no podemos permitirnos otra crisis en las islas. Con cierta arrogancia afirmamos que estamos sorteando la crisis gracias al sector servicios y al turismo (por cierto, sector que muchos se encargaron de demonizar durante la pandemia), pero no somos invencibles, queridos amigos. Somos frágiles, bien lo sabemos aquellos que habitamos esta región ultraperiférica. Somos especialmente sensibles y susceptibles a las crisis. No es de recibo que sea lo público lo que nos empuje a otra caída. Urge el desbloqueo de la inversión porque, sin lugar a dudas, nos ahogaremos si no nos anticipamos.

Montserrat Hernández
Directora de Tribuna de Canarias

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